|
|
¿LA LÓGICA CASTIGA? - martes, 15 de octubre de 2002 |
Había permanecido mucho tiempo sentado cuando decidí que tenía que hacerlo. Recordé que había aguantado mucho tiempo sin tocarlo y ahora lo necesitaba. Me levanté convencido; sí, estaba convencido, pero me dirigí con suma cautela. Me encontraba solo, nadie me frenaría, nadie podría enterarse; era mi momento. Desvestido me enfrenté a ello, lo tenía ahí delante; por mi mente pasaba solo tocarlo y sentirlo.
De repente, un fuerte dolor en el pecho. No pude cogerlo; quizás no debiese poseerlo, pero...yo quería que fuera mío. Sentí que algo se entremetía en mi interior; me llevé la mano a las costillas y caí arrodillado; si lo quería de verdad tenía que sufrir. Me balanceaba delante de ello, llorando, gimiendo, aguantando el sufrimiento. Tenía que seguir ahí, contemplándolo mientras me perforaba el corazón; lo necesitaba. Pero el dolor me nubló tanto la mente que de súbito salté hacia atrás.
Salí de allí asustado; sudaba, sudaba demasiado. Comencé a vestirme. Ya vestido abrí la puerta y salí rápidamente hacia el ascensor. Ahora huía de ello; tuve que alejarme.
Me planté en la calle reconfortado; dejé de sudar y me tranquilicé. Allí estaban esos edificios altos y lúcidos como siempre. Continué andando plácidamente. Todo aquello cuanto observaba era bellísimo; andaba a cámara lenta, realmente feliz. Madres con sus hijos, coches parados en semáforos, una grúa...una grúa sobrevolando una construcción...y tras esta última visión, un potente estruendo. Paré. El trueno me había avisado; aún estaba allí y yo tenía que volver; volver y tocarlo, palparlo, poseerlo.
Di media vuelta y corrí desesperado. La lluvia me cegaba. Mis cejas no eran capaces de frenar el agua que desbordaba mis pupilas. Era definitivo, tenía que ser mío. Me empecé a desvestir de nuevo mientras corría veloz, en plena calle. Resbalé en varias ocasiones. Yo era el verdadero protagonista de una película que no se estaba filmando. Atravesé la primera puerta y llegué al ascensor desprovisto de ropa.
Acelerado y nervioso me aseguré de encontrarme de nuevo solo. Ya estaba todo hecho, no había nada en que pensar más que en ello, así que me enfrenté de nuevo.
Levanté el brazo, muy despacio y comencé a estirarlo; lo iba a tocar, lo iba a hacer. Mis dedos, también comencé a estirar mis dedos temblorosos. Me estiraba y me estiraba; me acercaba cada vez más. Ya notaba el calor en mis yemas. Estaba a punto de acariciar cuando...cuando mi cuerpo entero inició su caída a la nada cabeza abajo y lanzando un atragantado grito de furia me di cuenta de que me acababa de precipitar por el balcón.
Quise tocar el cielo y ahora estoy en él; estoy en mi cielo.
|
| Por Javi |
|